Por Estefanía Retamal e Isidora Olguin
Si se recuerdan cómo eran los años 70' en Chile, probablemente la salud no interpretaría el papel de estrella. Durante esos años, la tasa de mortalidad infantil era muy alta, así como también aquellas de desnutrición y enfermedades infecciosas. Sin embargo, aquello ha cambiado.
En tan sólo los treinta años que han pasado desde ese entonces hasta ahora, los hábitos alimenticios de los chilenos han sufrido cambios drásticos... y dañinos. Si bien la mortalidad infantil y de recién nacidos ha descendido notablemente, no ha sido así con la tasa de las "enfermedades crónicas no transmisibles", entre las cuales podemos mencionar la obesidad, que ha ido ganando un peligroso e importante terreno en nuestro país.
Todos sabemos que Chile aspira a ser un país desarrollado, es lo que se nos comunica constantemente a través de los medios de comunicación. Pero, lamentablemente, parece que nuestro país está copiando también aquellos malos habitos que poseen aquellos países. O incluso peor, pues la obesidad infantil alcanza el 18%, mientras que en Estados Unidos esa cifra llega hasta el 16%.
Pero los niños no son los únicos que tienen problemas con el peso, pues, según la Encuesta Nacional de la Salud, realizada en el año 2003, el 22% de los habitantes adultos de Chile padecen obesidad. Y eso no es todo, pues la población restante no esta libre de culpa, ya que es la misma encuesta la que nos revela que el 38% de los chilenos adultos tiene sobrepeso.
Según la Organización mundial de la salud, existen más de mil millones de personas al rededor del mundo que padecen de sobrepeso, mientras que trescientos millones han sido declaradas clínicamente obesas. Estos datos han detonado que la OMS declare a la obesidad como una epidemia mundial.
Para la presidenta del Colegio de Nutricionistas de Chile, Mirta Crovetto, el incremento de peso entre los chilenos puede explicarse por varios factores. Uno de ellos es el hecho de que “la población mejoró su nivel de ingresos. Esto hizo que tuviera acceso a una mayor oferta de alimentos, pero no hubo políticas que regularan la calidad de la comida a la que se estaba accediendo. Así, las personas se dedicaron a consumir alimentos procesados con alta densidad energética” y agrega: “la manera en que funciona el modelo económico que sustentamos, pues la exacerbación del consumo lleva también a comprar alimentos en mayor cantidad”.
Además ha aumentado la compra de bienes de consumo que disminuyen la actividad física, como sucede con el uso de automóviles, electrodomésticos y televisores. De hecho, el sedentarismo afecta a más del 90% de la población chilena.
Sin duda, algo se debe hacer con respecto al tema, pues Chile parece atrapado en la obesidad. Entre los adultos la obesidad llega a más del 70%, pero, más aún preocupante, llega a más del 37% en los tres segmentos más jóvenes de la población: estudiantes de básica, de media y universitarios.
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