jueves, 31 de mayo de 2012

El verdadero arte nunca muere

Los cines independientes de Santiago han sobrevivido al paso del tiempo a pesar de la arbitraria competencia que representan los cines comerciales.

Por Estefanía Retamal e Isidora Olguin 



Durante los años 30, las películas que se realizaron en Hollywood se preocuparon más que nada de exaltar la fantasía, por lo que otro sector se encargó de darle al cine un toque de seriedad y realismo. Así es como nace el cine arte, mayoritariamente europeo, con películas como “La gran ilusión” (1937), de Jean Renoir, considerada una de las grandes películas antibélicas de la historia del cine.

 Esta diferencia se observó en particular en el ámbito de los premios. Las películas "comerciales" aspiraban a ganar principalmente el Óscar, mientras que aquellas realizadas con vocación de "cine arte" tendían a buscar reconocimiento en Cannes, Berlín, o Venecia.


Cine independiente, Chile, año 2012 


Asistir a la proyección de una película independiente en una cine arte del centro de la capital no es el panorama habitual para la mayoría de los chilenos. Lo normal sería creer que este negocio poco publicitado se encuentra en decadencia en nuestro país, pero no es así. Estos tipos de cine han sabido mantenerse en pie, pese a los cambios que ha sufrido la industria durante los últimos años, tanto frente como fuera de cámaras.

 Un ejemplo de esto es "El Biógrafo", un cine arte ubicado en pleno barrio Lastarria. El establecimiento no ha perdido público durante los últimos años a pesar de la cada vez más ascendente comercialización del séptimo arte. De hecho, los encargados afirman que de las 190 butacas que tiene como máxima capacidad cada sala, lo normal es que se vendan unas 130 por función.

 El cine no ha cambiado la manera de operar. Cuentan con las tradicionales cintas de 35mm en sus salas de proyección y las películas se mantienen en cartelera hasta que el interés del público disminuye, y sólo entonces son cambiadas. Además, dentro del cine no existe confitería para atraer más personas y es muy poca gente la que entra comiendo. Eso, sin contar la nula publicidad con la que cuentan. Las anteriores características no disminuyen para nada la venta en las entradas, a pesar de que en los cines comerciales cerca del 60% de los ingresos son gracias a la confitería y que las películas son mucho más publicitadas.

Según los encargados, esto se debe a que “Los espectadores encuentran aquí el tipo de películas que en los cines comerciales duran dos semanas y son relegadas a los complejos más inaccesibles para el común de los ciudadanos” declaran, “son películas que dan qué pensar”. Además, cabe mencionar que el público asistente a este tipo de cines es bastante claro, siendo prácticamente cero la asistencia de niños, por ejemplo.

Aún con la idea de que su público objetivo seguirá asistiendo, "El Biógrafo" cuenta con otras cualidades que llaman la atención. Posee una bella infraestructura (poco habitual en los cine arte) y mantienen un precio fijo en las entradas, que fluctúa de los 2.000 pesos de lunes a miércoles a los 3.000 pesos de jueves a domingo.


Los administradores del establecimiento no temen elogiar el tipo de películas que ellos proyectan, afirmando “Nosotros estamos seguros que es tipo de cine va a permanecer en el tiempo y seguirá sobreviviendo a los cines comerciales porque es único y la gente sabe que cuando viene a estos cines se les entrega algo que no pueden encontrar en otros lugares, historia y originalidad”. Probablemente esa seguridad vive también en el fiel público que mantiene este cine aún vigente, el mismo que hará que sobreviva al paso de los años.

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